Es un tándem que actualmente se complementa de manera natural. El fraude continuo que experimentan  las compañías aseguradoras, ha hecho que los detectives privados sean una herramienta fundamental y básica para esclarecer la enorme cantidad de engaños que, tanto particulares como empresas, intentan frecuentemente, para cobrar de forma fraudulenta las indemnizaciones que, en caso de siniestro, ofrecen las mencionadas compañías.

 

  La estadística del fraude la podemos calificar como espeluznante. Según la patronal de seguros, UNESPA, cada año las entidades detectan 435.000 tentativas de fraude valoradas en 2.000 millones de euros, aproximadamente. Siendo las ramas de auto y hogar las más proclives al engaño o simulación de siniestro. Ante estas cifras monstruosas bien vale la inversión en profesionales que intenten paliar esta sangría de dinero, y por consiguiente de pérdidas económicas, que en definitiva, sólo repercuten en detrimento de la atención correcta al asegurado honrado que recurre a su compañía cuando realmente ha tenido un siniestro fortuito.

  Cuando hay un caso en que la compañía debe cubrir parte del costo de un bien determinado, es lógico que se haga un seguimiento que confirme que se está cumpliendo con lo establecido. Para ello el detective privado con su labor, con sus pruebas, colabora en el cumplimiento del acuerdo.

 

  ¿Qué es el detective privado con respecto a las aseguradoras? Sencillamente una garantía de ahorro. Cuando la aseguradora «sospecha» de un posible fraude, por parte de su asegurado, no duda en contratar los servicios del detective  para que éste, dentro de la más estricta legalidad que le permitan sus funciones, investigue si la demanda de atención que requiere el asegurado, por parte de su compañía, tiene visos de ser atendida, o si por el contrario, encierra un fraude.

  

La importancia del binomio aseguradoras-detectives para detectar el fraude

 Son muchos los detective casos registrados en que el asegurado intenta engañar a la compañía, son supuestos que no vienen reflejados en la póliza contratada. Exponemos ahora alguno de ellos dentro de los más habituales.

 

Intervenciones quirúrgicas en que la necesidad del asegurado no viene reflejada en la póliza contratada y que, por tanto, se intenta, por medio del informe médico, reflejar otro tipo de intervención que sí está expuesto en la póliza. En este caso no solamente estaría implicado el asegurado sino que también el médico que realiza el informe sobre la falsa intervención tendría su parte de culpa por colaborador solidario. El detective, mediante su seguimiento a la persona intervenida, demostraría el engaño, y por consiguiente, la exención de la aseguradora de tener que pagar una intervención a la que no se había comprometido según la póliza del seguro.

 

  Vemos ahora otro fraude frecuente en que la intervención del detective es vital. Nos referimos a cuando una persona alega no estar capacitada para realizar determinadas tareas y tiene que ser compensada económicamente por esos motivos. El seguimiento, una vez más, del detective es imprescindible para demostrar el engaño. Conocí un caso en que el defraudador alegaba no poder ir a trabajar puesto que tenía graves problemas en los brazos y su movilidad era bastante limitada. El detective pudo demostrar, con imágenes, que el asegurado era el que iba, personalmente,  todos los días a su tienda y levantaba las persianas del establecimiento sin ningún tipo de dificultad.

 

  Podría estar, casi infinitamente, exponiendo casos sobre fraudes continuos a las compañías aseguradoras, por lo que insisto, en la gran complementariedad del binomio aseguradora-detective, hasta el punto de que sin los informes de estos últimos, demostrando mediante su trabajo el engaño, difícilmente las compañías aseguradoras podrían presentar unas cuentas de resultados positivas, rentables y competitivas.

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